176 páginas

Editorial Mansalva

Poesía

Tapa blanda

 

La poesía de Claudio Bertoni, hecha de fragmentos de un diario
incesante –work in progress–, de un implosivo, explosivo y
acumulativo proceso de maduración, calla porque se mueve, casual y
libremente, en el mundo de las relatividades, negándose a la falsedad
de la trascendencia y de ciertos saberes fraudulentos.
Enrique Lihn


La literatura chilena, tan prestigiosa en Chile, no tiene más de cinco
nombres válidos, eso hay que recordarlo como ejercicio crítico y
autocrítico. También hay que recordar que en la literatura siempre se
pierde, pero que la diferencia, la enorme diferencia, estriba en perder
de pie, con los ojos abiertos, y no arrodillado en un rincón rezándole
a San Judas Tadeo y dando diente con diente. La literatura, supongo
que ya ha quedado claro, no tiene nada que ver con premios
nacionales sino más bien con una extraña lluvia de sangre, sudor,
semen y lágrimas. Sobre todo con sudor y lágrimas, aunque Bertoni
seguro que añadiría el semen.
Roberto Bolaño

El cansador intrabajable, de Claudio Bertoni

$970
El cansador intrabajable, de Claudio Bertoni $970
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La poesía de Claudio Bertoni, hecha de fragmentos de un diario
incesante –work in progress–, de un implosivo, explosivo y
acumulativo proceso de maduración, calla porque se mueve, casual y
libremente, en el mundo de las relatividades, negándose a la falsedad
de la trascendencia y de ciertos saberes fraudulentos.
Enrique Lihn


La literatura chilena, tan prestigiosa en Chile, no tiene más de cinco
nombres válidos, eso hay que recordarlo como ejercicio crítico y
autocrítico. También hay que recordar que en la literatura siempre se
pierde, pero que la diferencia, la enorme diferencia, estriba en perder
de pie, con los ojos abiertos, y no arrodillado en un rincón rezándole
a San Judas Tadeo y dando diente con diente. La literatura, supongo
que ya ha quedado claro, no tiene nada que ver con premios
nacionales sino más bien con una extraña lluvia de sangre, sudor,
semen y lágrimas. Sobre todo con sudor y lágrimas, aunque Bertoni
seguro que añadiría el semen.
Roberto Bolaño